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¿Hay forma de vivir jodido pero contento?









Nunca antes la humanidad había gozado de tanto bienestar material, pero tampoco se sentía tan amargada, ansiosa e infeliz como ahora. El escritor y bloguero Mark Manson lo llama «una paradoja del progreso». El mundo está hecho una porquería y se está extendiendo una sensación de desesperanza. ¿Por qué no tirar la toalla entonces?

Manson, uno de los gurús del desarrollo personal más populares del momento, analiza algunas de las suposiciones sobre aquello que hace que merezca la pena vivir en Todo está jodido. Un libro sobre la esperanza (Roca Editorial), una guía contraintuitiva para los problemas de esperanza.

El norteamericano no tiene problema en hablar de ciertas verdades incómodas. Asegura, por ejemplo, que la gente tiende a pensar que estamos todos aquí por una razón, que nada es casualidad y que todo el mundo importa porque todos nuestros actos afectan a alguien. Pero, en realidad, la que habla es tu esperanza. «Es una historia que tu mente elabora para que merezca la pena levantarse cada mañana: algo ha de importar porque, sin nada que importe, entonces no hay razón para seguir viviendo».
Cuenta Manson que lo contrario a la felicidad no es el enfado o la tristeza –a fin de cuentas, si uno está enfadado o triste, significa que todavía le importa algo–. Lo verdaderamente contrario a la felicidad es la desesperanza: «[la desesperanza] Es la convicción de que todo está jodido. […] Un nihilismo frío y desalentador […]. Evitar la desesperanza –es decir, construir esperanza– se convierte así en el proyecto principal de nuestra mente».

Tirando de erudición, sabiduría filosófica y humor a partes iguales, el norteamericano desafía a las personas a ser más honestas con ellas mismas para conectarles con el mundo de maneras que probablemente no hayan considerado antes.

Autores como el psicólogo experimental Steven Pinker y el médico sueco Hans Rosling aseguran que las personas se equivocan al ser tan pesimistas. ¿Qué motivos tienen para ello? A fin de cuentas, en el aspecto material, este es el mejor momento que han vivido como sociedad –la gente es más libre y está más formada que nunca, está más sana y tiene más dinero que en cualquier otra época en la historia de la humanidad–. Sin embargo, señala Manson, «hay una sensación irracional de desesperanza que se extiende por el mundo rico y desarrollado».

Porque las mismas estadísticas que hablan de la abundancia material son las que recogen otros datos como que el número de personas con depresión y ansiedad ha aumentado una barbaridad en las últimas décadas —tanto entre la gente joven como entre la población adulta—. «La esperanza no se basa en la estadística […]. A la esperanza le da igual los problemas que quedan por resolver. Porque, cuanto mejor va el mundo, más tenemos que perder. Y, cuanto más tenemos que perder, menos esperanza nos queda», apunta el escritor.

El autor del bestseller El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda –donde cuestionaba el saber convencional acerca de lo que hace felices a las personas– tiene claro que el sufrimiento es inevitable y que, por tanto, la gente debería recibirlo con los brazos abiertos. «El dolor es la constante universal de la vida. Y la percepción y las expectativas humanas se deforman para encajar con una cantidad predeterminada de dolor», explica. En otras palabras, da igual lo mucho que ganemos en nuestro nuevo y deseado trabajo, porque nuestra mente siempre imaginará que no hay suficiente dinero en la cuenta corriente y se sentirá algo decepcionada.

Manson cree que es importante elegir cuidadosamente el significado que uno construye alrededor del sufrimiento y que todas las personas pueden elegir la influencia que su dolor tiene sobre ellas: «El dolor es la experiencia de la vida misma. Las emociones positivas son una desaparición temporal del dolor; las emociones negativas son un aumento temporal del dolor. Anestesiarlo es anestesiar todo sentimiento, toda emoción».

La búsqueda de la felicidad es tan contraproducente como imposible. Tal y como apunta Manson, «es un valor tóxico que ha definido nuestra cultura» desde tiempo inmemorial: «Vivir bien no significa evitar el sufrimiento; significa sufrir por las razones adecuadas. Porque, si vamos a vernos obligados a sufrir por el mero hecho de existir, por lo menos intentemos aprender a sufrir bien». Como cantaba Concha Buika, vivir jodido pero contento.












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